MADRE DE LOS HERENCIANOS...INMACULADA PARA SIEMPRE

HERMANDAD REFUNDADA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN - VENERADA PATRONA DE HERENCIA Y EXCELSA TITULAR DE LA PARROQUIA. MADRE DE LOS HERENCIANOS... 56 AÑOS OFICIALES SIENDO NUESTRA MADRE Y PATRONA

11 oct. 2010

SAN FRANCISCO DE ASIS CELEBRADO EN LA PARROQUIA

Con gran entusiasmo las Hermanas Franciscanas de la Purísima junto a otras personas del entorno franciscano y el coro parroquial celebraron, por primera vez, la festividad del San Francisco de Asís en la Parroquia de la Inmaculada Concepción.
Presidió la Eucaristía el D. Julián Martín y concelebraron Don Rafael Ruiz y el Padre mercedario Alejandro Robertson. En las palabras de su homilía, don Julián recordó cómo San Francisco de Asís nos enseñó, como nadie, a imitar a Cristo. Él que lo tenía todo: posición social, riquezas, dinero; se desprendió de sus bienes incluso de sus ropas para volver a nacer. Lo hizo para responder a la llamada que Jesús le hizo desde su cruz.
También recordó que hoy sigue viviendo el espíritu de San Francisco en aquel que busca la paz, en todo hombre que ama la naturaleza y reconoce en ella la obra creadora de Dios; en todos aquellos que se desnudan para vestir al pobre.

Acabó sus palabras, recordando que hace 300 años la voz de Francisco de Asís ya había llegado a Herencia. El retablo de la Parroquia, dedicado a él, así lo indica. Años después, cuando Madre Paula llegó al pueblo a hacerse cargo en su hospital de los más pobres; y hoy sigue hablando san Francisco en las Hnas. Franciscanas de la Purísima, Sor Josefa, Sor Dolores, Sor Agustina y Sor Maria del Camino que, con su ejemplo de dedicación a los más pobres, nos enseñan a parecernos un poco más a este santo del siglo XIII.

En el momento de la procesión de ofrendas, las hermanas presentaron un precioso ramo de flores que recordaba las llagas de San Francisco, el libro de las Constituciones Franciscanas y el pan y el vino eucarístico.

Terminó la celebración con la oración de la Paz que escribió el santo, y que leyó Don Rafael. Antes de la bendición final, don Julián pidió un aplauso para estas mujeres que siguiendo al santo de Asís acogen en su casa a los más empobrecidos de la sociedad.

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