
"Dignísima Madre de Dios, que estando en pie junto a la Cruz de Jesús,
vuestro Unigénito Hijo, le visteis penar, agonizar y morir,
quedando sola y desamparada,
sin más alivio que amarguras,
y sin más compañía que tormentos.
Participar quiere mi alma, oh dolorida Virgen,
en vuestras penas y aflicciones,
para que os acompañe toda mi vida en el justo sentimiento
de la muerte de vuestro querido Hijo.
Permitidme, oh solitaria Tórtola, que os asista
continuamente en tan amarga Soledad,
sintiendo lo que sentís, y llorando lo que llorais.
Infundid en mi pecho, oh Madre del verdadero amor,
una encendida caridad para amar a vuestro Divino Hijo,
que por mi amor murió crucificado;
y concededme el favor que pido en esta oración, para gloria de Dios,
honra vuestra y provecho de mi alma. Amén"





